Colaboración de AGUSTÍN GONZÁLEZ URBINA - 02/06/2002
A pesar de ser un emigrante, en mi mente siempre estuvo el recuerdo de mi querido pueblo y de mi gente. 
Escribí infinidades de cosas alabando a esta bendita tierra, quisiera recordarlas todas

NOSTALGIA DE MI PUEBLO

Al pueblo que yo nací

le dedico este soneto

siempre le llevo en el alma

y le admiro con respeto.

Por causas que no comprendo

le tuve que abandonar

y aunque mucho tiempo pasa

nunca le puedo olvidar.

Sus campos sus arboledas

sus manantiales y fuentes

no pasa un sólo instante

que no los tenga presentes.

El agua del Orejudo

tan fina y tan cristalina

la recuerdo con nostalgia

como buena medicina.

Son dignos de admiración

sus campos de cereales

con sus abundantes frutas

y su extensión de olivares.

Esta bella población

es rica en ganadería

porqué sus pastos son buenos

y de todas razas cria.

Cuando pienso en los amigos

de mi infancia y juventud

es como si faltaran

las fuerzas y la salud.

Yo pensando en todo esto

la congoja me hace un nudo

que se me quita gritando

viva mi pueblo de Agudo

Agustín González Urbina

EN UN RINCÓN DE LA MANCHA

Soy de un rincón de La Mancha

mi acento no es castellano

nací en el pueblo de Agudo

muy cerca de Puertollano

Quién no conoce las minas

de mercurio de Almadén

pues lindando esta la tierra

que a mi me ha visto crecer.

Por eso esta canción

quiero que pase a la historia

porqué es la tierra que quiero

y que para mí es la Gloria.

Aunque mi infancia fue triste

por causas para mi ajenas

tengo que reconocer

que esta es la tierra más buena.

El carbón en Puertollano,

y el mercurio en Almadén,

dio vida a muchas familias

que hoy se encuentran muy bien.

El pueblo donde nací

es rico en ganadería,

en cereales y olivos

es toda una garantía.

Por eso a los cuatro vientos,

grito porque no soy mudo

para que la gente sepa

que yo he nacido en Agudo.

Si mi acento es extremeño

no es por causa de error

soy de un rincón de La Mancha

que limita con Badajoz.

Agustín González Urbina

LA SIERRA DEL ALTRAMUD

Se han escrito muchas cosas

sobre el tesoro que esconde

ya en mi infancia lo busqué

pero no pude hallar donde.

Se me rompieron las uñas

buscando aquel gran tesoro

del que tanto se había hablado

sobre una gallinita de oro.

Los tesoros verdaderos

que podemos contemplar

se encuentran allá en la cumbre

y son San Miguel y San Blas.

Desde aquellas altas cumbres

se domina la población

y protege a los fieles

que sienten su devoción.

Por eso el tres de febrero

subimos en romería

a rezar y pagar deudas

todo el pueblo en armonía.

Las riquezas que allí hay

bien se pueden contemplar

la extensión de bellos prados

y aceite en su olivar.

Es cierto que son riquísimas

todas aquellas laderas

ya que muchos se alimentan

de sus higos y sus peras.

Yo, repito que en mi infancia

lo pasé muy bien allí

no encontré los huevos de oro

pero si los de perdiz.

Si yo pudiera escribir

le juro por mi salud

que contaría muchas cosas

de la sierra de Altramud.

Por eso les agradezco 

a la familia Jiménez

que sigan esta labor

que tanto nos entretiene.

Agustín González Urbina

Estos poemas que expreso ahora, son como respuesta a unos que me hizo el señor Adriano Redondo. 

UN REPASO A MI INFANCIA

Leyendo unos poemas

de mi amigo Adriano

recupera mi mente

un tiempo ya lejano.

Es cierto que ni infancia

fue triste y muy penosa

que me críe en el campo

y en una humilde choza.

El año treinta y seis

a la edad de ocho años

el que escribe estos versos

ya guardaba rebaños.

Siempre añoré la escuela

el no poder asistir

y mi gusto hubiera sido

aprender bien a escribir.

Yo le doy gracias a Dios

porqué aunque no sea fino

al pan le llamo pan

y al vino lo llamo vino.

No busco palabras raras

ojeando un diccionario

para que rimen mis versos

me basta el abecedario.

Y este si que lo aprendí 

me lo enseñó una mocita

hoy anciana y bondadosa

que todos llaman Juanita.

Con lo poco que aprendí

estoy muy satisfecho

porqué tengo material

para hacer la Biblia en verso.

Los halagos que de mí hace

mi amigo Adriano Redondo

me han llegado a emocionar

aunque sé que es un cachondo.

Sé que es bueno y compasivo

y un simpático truhán

pasamos la infancia juntos

en la plaza de San Juan.

Su cultura siempre fue

más elevada a la mía

ya que poseían sus padres

una gran zapatería.

Mi padre fue panadero

con familia numerosa

y tuvimos que vivir

con pan y cualquier cosa.

Porque hay que reconocer

que no es chiste ni refrán

pero siempre los zapatos

fueron más caros que el pan.

Aquí doy por terminada

parte de mi triste historia

si no es cierto lo que digo

esfuercen a su memoria.

(25 de septiembre de 1995)

Agustín González Urbina

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